Por Carlos Origenes Jimenez Hernandez
En los pueblos del Caribe colombiano, los pasquines han sido más que simples hojas volantes. Han sido testigos de la historia, herramientas de denuncia y, en ocasiones, armas de discordia. Gabriel García Márquez, en La mala hora, retrató con maestría cómo estos escritos anónimos podían desatar el caos en una comunidad, revelando secretos y alimentando la desconfianza. Se dice que el autor, con su aguda observación de la realidad, describió a Sucre Sucre en esta obra, capturando la esencia de un pueblo atrapado entre la paz y la turbulencia.
En la novela, los pasquines no solo exponen verdades ocultas, sino que también se convierten en catalizadores de violencia y represión. La historia muestra cómo un pueblo puede quedar atrapado en una espiral de rumores y venganzas, donde los pasquines se convierten en el eco de las tensiones sociales y políticas.
Esta “mala hora” parece resonar en Sucre Sucre, donde los pasquines han evolucionado de ser un medio de expresión popular a convertirse en un instrumento de descalificación y amenaza.
El pasquín en Sucre Sucre defiende a unos y maltrata a otros, reflejando las luchas políticas por la alcaldía y las posiciones burocráticas, que forman parte de la esencia de sus habitantes. Sin embargo, con la llegada de nuevos profesionales al pueblo, el pasquín ha adquirido una nueva dimensión. Ya no es solo un papel pegado en una esquina, sino una estrategia calculada para influir en la opinión pública, sembrar dudas y erosionar la convivencia.
Hoy, las redes sociales han trasladado el pasquín al mundo digital, amplificando su impacto. Los mensajes insultantes y descalificadores se riegan como el viento riega las hojas, alcanzando a más personas y profundizando las divisiones. Este fenómeno, aunque moderno, guarda una inquietante similitud con los pasquines de La mala hora, donde los rumores y las acusaciones anónimas desestabilizan la vida comunitaria. Ojalá esta “mala hora” no se siga construyendo, posicionando mentiras como verdades y señalamientos como una perfilación para atacar.
A pesar de todo, Sucre Sucre tiene que salir adelante. La falta de progreso e inversión social no puede ser una excusa para perpetuar el odio y la descalificación. La verdadera fuerza de un pueblo radica en su capacidad de resistencia y en su voluntad de construir un futuro basado en el respeto, el diálogo y la convivencia pacífica. Porque, al final, los pasquines, ya sean de papel o digitales, no pueden definir el destino de una comunidad que quiere vivir en paz política y progreso.
Cita.
García Márquez crea un relato que muestra cómo la represión política y los conflictos civiles dejan huellas en la vida cotidiana de los habitantes de un pueblo. La persecución de los liberales tras la victoria conservadora es un reflejo de las luchas internas que marcaron nuestra tierra.