Se esta muriendo el ganado en La Mojana
La Mojana agoniza bajo la sequía: el abandono estatal profundiza una crisis que amenaza la supervivencia del campo
Por Carlos Orígenes Jiménez Hernández
Sucre, Sucre, julio 20 de 2026
Mientras el agua desaparece de los caños, el ganado muere en los potreros y los cultivos se marchitan bajo un sol inclemente, miles de familias campesinas de La Mojana enfrentan una de las crisis ambientales y económicas más graves de las últimas décadas. Entretanto, la respuesta institucional sigue siendo insuficiente frente a una emergencia que pone en riesgo la seguridad alimentaria y el futuro productivo de toda la región.
En primer lugar, la prolongación de la temporada seca ha provocado una disminución alarmante del nivel freático, situación que ha dejado prácticamente seco el caño de La Mojana, uno de los principales cuerpos de agua que durante años ha servido de sustento para las actividades agropecuarias de la región. En consecuencia, donde antes corría el agua que alimentaba cultivos y ganados, hoy solo quedan extensiones áridas que reflejan la magnitud de una emergencia ambiental que avanza sin tregua.
Asimismo, las elevadas temperaturas registradas durante las últimas semanas han acelerado el deterioro de los pastizales, reduciendo drásticamente la disponibilidad de alimento para el ganado. Como resultado, pequeños productores han comenzado a registrar pérdidas económicas incalculables debido a la muerte de reses por desnutrición y deshidratación. Muchos otros, intentando evitar un desastre mayor, se han visto obligados a vender sus animales a precios muy por debajo de su valor comercial, sacrificando años de esfuerzo para enfrentar una crisis que parece no tener fin.
Más preocupante aún resulta el hecho de que esta situación era, en buena medida, previsible. Los organismos especializados habían advertido sobre la intensidad del fenómeno de El Niño y sobre los riesgos que representaba para regiones altamente dependientes de la producción agropecuaria. A pesar de ello, las acciones preventivas fueron limitadas, dejando nuevamente a los pequeños productores expuestos a pérdidas que difícilmente podrán recuperar sin apoyo estatal.
Por otra parte, la incertidumbre crece entre quienes, pese a las dificultades, insisten en permanecer en el campo. Los agricultores reconocen que su capacidad de resistencia tiene límites y advierten que, sin medidas urgentes, muchas unidades productivas podrían desaparecer definitivamente. Ello significaría un golpe severo no solo para la economía de La Mojana, sino también para el abastecimiento alimentario de otras regiones del país.
Frente a este complejo panorama, el llamado de los pequeños productores es unánime. Ganaderos, arroceros y agricultores de cultivos de pancoger exigen la intervención inmediata del Gobierno nacional, la Gobernación de Sucre y las administraciones municipales para poner en marcha un plan integral de atención a la emergencia. Entre sus principales solicitudes se encuentran subsidios para alimentación animal, líneas especiales de crédito, alivios financieros, fortalecimiento de los sistemas de riego, construcción de reservorios, recuperación de fuentes hídricas y programas permanentes de adaptación al cambio climático.
De igual forma, reclaman una presencia institucional constante que no se limite a la atención coyuntural, sino que permita construir soluciones estructurales capaces de reducir la vulnerabilidad de la región frente a futuros eventos climáticos. Porque, si bien las lluvias eventualmente regresarán, las consecuencias económicas y sociales de esta sequía podrían extenderse durante varios años si no se adoptan decisiones oportunas.
En definitiva, la tragedia que hoy vive La Mojana no puede seguir siendo vista como un problema pasajero ni como una simple consecuencia de la variabilidad climática. Por el contrario, constituye una seria advertencia sobre la fragilidad de un territorio cuya economía depende del equilibrio entre el agua y la producción agropecuaria. Ignorar esta realidad equivaldría a condenar al abandono a miles de campesinos que, con su trabajo diario, garantizan buena parte de los alimentos que llegan a las mesas de los colombianos.
La Mojana se está secando. Pero, al mismo tiempo, también se marchita la esperanza de quienes han dedicado su vida a cultivar la tierra y a criar el ganado. La verdadera pregunta ya no es cuánto durará la sequía, sino cuánto tiempo más deberán esperar sus habitantes para que el Estado responda con la urgencia, la responsabilidad y el compromiso que una crisis de esta magnitud exige.